Historia

Leyendas entorno al café
Son varias las historias surgidas para situar los orígenes del café, desde relatos religiosos, hasta explicaciones totalmente paganas, todas con el denominador común de describir cualidades extraordinarias del fruto del cafeto.

Los que atribuyen su origen al Arcángel San Gabriel, cuentan cómo éste fue quién entregó a Mahoma la primera taza de café en recompensa a sus piadosas vigilias.

Aquella taza de café se llamó “qahwa” (vigorizante) en honor a la Piedra Negra de la Kaaba en La Meca y que significa fuerza, vigor, excitante y energético.

Otra famosa leyenda del año 850, relata cómo un pastor yemaní, llamado Kaldi, observó que su rebaño de cabras se comportaba de una forma distinta, brincando y saltando enérgicamente, al ingerir los frutos rojos de un arbusto desconocido. Kaldi relata este extraño comportamiento al superior religioso de un convento cercano al lugar de pastoreo quien, tras hervir las bayas y probar la bebida, la encuentra de un sabor extremadamente desagradable. El prior echa al fuego el resto de la bebida y granos, que al empezar a tostarse despiden un agradable aroma. La infusión preparada a partir de los granos tostados es distribuida a los monjes que la encuentran muy palatable.

Origen documentado
En base a estudios de restos arqueológicos hallados en la Península Arábica se puede afirmar que la utilización del café en ciertas regiones de Oriente Medio data del año 800 d.C

El primer registro histórico se sitúa en la región etíope de Kaffa, en torno al siglo X d.C. Los primeros documentos atribuían a la planta del cafeto propiedades curativas. Al Razí, un médico árabe de la época fue el primero en describir la planta del cafeto, el grano y sus propiedades estimulantes como “muy apropiadas para combatir la melancolía”. Sobre el año 1000, otro médico árabe, Avicena, describe al café en su obra “El canon de la medicina” de la siguiente manera “El café fortifica los miembros, limpia el cutis, seca los humores malignos y da un olor excelente a todo el cuerpo”.

Léonard Rauwolf fue el primer europeo en analizar y difundir las características del café en el 1583 pero no será hasta el año 1753 cuando Linneo clasifica, de forma definitiva, al cafeto dentro del género Coffea, ya que hasta entonces se agrupaba dentro de la familia del Jazmín (Jasminum Arabicum Laurifolia) tal y como lo había clasificado el notable botánico francés Antoine de Jussieu en 1716.

Según los registros históricos, Pedro Páez fue el primer español que escribe sobre el cafeto, fue un Jesuita evangelizador de las tierras del Yemen y Etiopía. Cuenta la historia que a comienzos del siglo XVII, cayó esclavo y, atado a un camello, atravesó el desierto. Una vez liberado, descubre el Nilo Azul y deja documentado en un voluminoso libro su periplo, en el que describe cómo había probado una infusión amarga de color oscuro y que probablemente era café.



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